-Sandy, ven aquí- dijo Cristopher
Inmediatamente un magnifico Golden retriever de color miel acudió a su llamada con gran entusiasmo.
-Aquí tienes.- Dijo llenando el plato del perro con unas deliciosas croquetas.
No pudo ni sacar la mano, cuando el perro empezó a comer. Le gustaban los perros porque siempre obedecían y sabes si están tristes o contentos, son leales y lógicos.
Cristopher ha madurado y guarda su navaja suiza en un cofre, pero un que sigue sin gustarle que le toquen. Ha aprendido nuevas técnicas para saber el estado de ánimo de las personas, como los movimientos de los micro músculos de la cara, o los gestos. Su memoria sigue intacta, y se acaba de sacar el título y un máster de matemáticas hace 2 años. Le gusta su vida aquí. Es profesor de matemáticas de su antigua escuela, un profesor para niños con tratos especiales. Junto con Shioban, han emprendido una iniciativa para personas con problemas. Intentan ayudar a los niños con autismo a entender el comportamiento de las personas.
Ahora sus padres son vecinos. La señora Shears se mudó, y su madre compró la casa con la ayuda del estado y de Cristopher, ya que se saca un dinero extra cada año con las olimpiadas matemáticas. Su madre, su padre y la señora Alexander quedan cada día para tomar un café a la tarde, cada uno con su pareja. Su padre está con una mujer que conoció en el trabajo, y su madre con una mujer que conoció en una fiesta.
A Cristopher le costo adaptarse, pero ahora los cambios ya forman parte de su rutina.
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